“Ya no nos quedan más penas” es un texto que narra lo sucedido la mañana
del El 23 de enero de 1989 en la casa de una familia militar de
Vicente López, tres hermanas esperan la llegada del hermano menor (quien cumple
servicio en el destacamento de La Tablada) para definir la venta de la casa
familiar, sin esperar el trágico desenlace que las aguarda.
Apenas amanecía cuando las radios empezaron a transmitir la confusión que
se vivía en el Regimiento de Infantería III de La Tablada. En un primer
momento, el recuerdo cercano de las rebeliones carapintadas de Semana Santa y
Monte Caseros llevó a creer al gobierno alfonsinista que eran otra vez los
seguidores de Mohamed Alí Seineldín. La confusión se disipó al mediodía: el
copamiento no era militar sino civil. Un grupo de unos cuarenta militantes del
Movimiento Todos por la
Patria (MTP) era
el responsable de la irrupción. El desconcierto precedió a la condena unánime
de un ataque que le permitió a las Fuerzas Armadas agitar nuevamente el
fantasma del “rebrote subversivo” y llevó a la mayoría de la sociedad a
desentenderse del modo en que se reprimió el asalto. La
Justicia tampoco
se hizo eco y recién en 1997, la
Comisión Interamericana de
Derechos Humanos (CIDH) dictaminó que hubo ejecuciones y torturas a los
detenidos. Se reconocieron 39 muertos, entre ellos 11 militares y 2 policías.
Ese día, durante el gobierno de Raúl Alfonsín, Enrique Gorriarán
Merlo (ex jefe del grupo guerrillero ERP, Ejército Revolucionario del
Pueblo) lideró un grupo armado de integrantes del MTP que atacó y ocupó
parcialmente el Regimiento de Infantería Mecanizado con asiento en La Tablada.
El MTP, que desde el primer momento presentó la toma como el intento de
impedir un supuesto golpe de Estado planeado por el entonces candidato a
presidente Carlos Saul Menem y el
Coronel Mohamed Alí Seineldín, al iniciarse el ataque arrojó en las cercanías del cuartel volantes
atribuibles a un supuesto comando llamado «Nuevo Ejército Argentino» que
pretendía derrocar al presidente Alfonsín, hecho reconocido por Gorriarán Merlo
en una entrevista con Claudia Hilb.
Desde el primer momento, los militares conocían que el ataque era realizado
por elementos de la izquierda e, incluso, inteligencia conocía previamente que
un movimiento rebelde iba a atacar a alguna unidad militar del área
metropolitana y que por eso el entonces titular del Ejército Argentino,
teniente general Francisco
Gassino, dispuso reforzar la infantería.
Posteriormente, se difundieron informaciones sobre que los guerrilleros
habían matado conscriptos que dormían, que tenían ayuda de mercenarios
extranjeros y que disponían de avanzado armamento de origen soviético, todo lo
cual resultó ser falso.
Finalmente, efectivos pertenecientes al Ejército consiguieron la
recuperación del cuartel, sin aceptar las tres solicitudes de rendición de los
guerrilleros y atacando con fósforo
blanco, arma prohibida por las Naciones
Unidas.
La Hiperinflación argentina de 1989 fue un aumento de precios desmedido en
los productos, que decantó en la renuncia del presidente Raúl Alfonsín y en una transición adelantada al
presidente electo Carlos Menem.
Con la degradación del Austral,
miles de personas pasaron hacia la pobreza: la hiperinflación "se devoró salarios, generó
revueltas, impulsó saqueos y terminó por destronar al primer Gobierno desde la
vuelta de la democracia".
"La hiperinflación abrió un surco profundo en la mentalidad colectiva:
angustia, impotencia y búsqueda desesperada de soluciones que alivianaran tan
pesada carga".
“Ya no nos quedan más penas” es, entonces,
una obra que muestra la indiferencia racial en una Argentina que penetra en los
umbrales del neoliberalismo y la búsqueda de una clase social de permanecer y
transcurrir en un status quo heredado, amén de otra clase que se empobrece día
a día y sacrificando lo que sea necesario por seguir en la frivolidad.
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