domingo, 27 de julio de 2014

23 de Enero de 1989, Ya no nos quedan más penas

“Ya no nos quedan más penas” es un texto que narra lo sucedido la mañana del  El 23 de enero de 1989 en la casa de una familia militar de Vicente López, tres hermanas esperan la llegada del hermano menor (quien cumple servicio en el destacamento de La Tablada) para definir la venta de la casa familiar, sin esperar el trágico desenlace que las aguarda.

Apenas amanecía cuando las radios empezaron a transmitir la confusión que se vivía en el Regimiento de Infantería III de La Tablada. En un primer momento, el recuerdo cercano de las rebeliones carapintadas de Semana Santa y Monte Caseros llevó a creer al gobierno alfonsinista que eran otra vez los seguidores de Mohamed Alí Seineldín. La confusión se disipó al mediodía: el copamiento no era militar sino civil. Un grupo de unos cuarenta militantes del Movimiento Todos por la Patria (MTP) era el responsable de la irrupción. El desconcierto precedió a la condena unánime de un ataque que le permitió a las Fuerzas Armadas agitar nuevamente el fantasma del “rebrote subversivo” y llevó a la mayoría de la sociedad a desentenderse del modo en que se reprimió el asalto. La Justicia tampoco se hizo eco y recién en 1997, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) dictaminó que hubo ejecuciones y torturas a los detenidos. Se reconocieron 39 muertos, entre ellos 11 militares y 2 policías.

Ese día, durante el gobierno de Raúl Alfonsín, Enrique Gorriarán Merlo (ex jefe del grupo guerrillero ERP, Ejército Revolucionario del Pueblo) lideró un grupo armado de integrantes del MTP que atacó y ocupó parcialmente el Regimiento de Infantería Mecanizado  con asiento en La Tablada.

El MTP, que desde el primer momento presentó la toma como el intento de impedir un supuesto golpe de Estado planeado por el entonces candidato a presidente  Carlos Saul Menem y el Coronel Mohamed Alí Seineldín, al iniciarse el ataque arrojó en las cercanías del cuartel volantes atribuibles a un supuesto comando llamado «Nuevo Ejército Argentino» que pretendía derrocar al presidente Alfonsín, hecho reconocido por Gorriarán Merlo en una entrevista con Claudia Hilb.

Desde el primer momento, los militares conocían que el ataque era realizado por elementos de la izquierda e, incluso, inteligencia conocía previamente que un movimiento rebelde iba a atacar a alguna unidad militar del área metropolitana y que por eso el entonces titular del Ejército Argentino, teniente general Francisco Gassino, dispuso reforzar la infantería.

Posteriormente, se difundieron informaciones sobre que los guerrilleros habían matado conscriptos que dormían, que tenían ayuda de mercenarios extranjeros y que disponían de avanzado armamento de origen soviético, todo lo cual resultó ser falso.

Finalmente, efectivos pertenecientes al Ejército consiguieron la recuperación del cuartel, sin aceptar las tres solicitudes de rendición de los guerrilleros y atacando con fósforo blanco, arma prohibida por las Naciones Unidas.
La Hiperinflación argentina de 1989 fue un aumento de precios desmedido en los productos, que decantó en la renuncia del presidente Raúl Alfonsín y en una transición adelantada al presidente electo Carlos Menem.
Con la degradación del Austral, miles de personas pasaron hacia la pobreza: la hiperinflación "se devoró salarios, generó revueltas, impulsó saqueos y terminó por destronar al primer Gobierno desde la vuelta de la democracia".

"La hiperinflación abrió un surco profundo en la mentalidad colectiva: angustia, impotencia y búsqueda desesperada de soluciones que alivianaran tan pesada carga".

“Ya no nos quedan más penas” es, entonces, una obra que muestra la indiferencia racial en una Argentina que penetra en los umbrales del neoliberalismo y la búsqueda de una clase social de permanecer y transcurrir en un status quo heredado, amén de otra clase que se empobrece día a día y sacrificando lo que sea necesario por seguir en la frivolidad.

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